

Cómo limpiar la nevera a fondo: guía práctica
Limpiar la nevera no es la tarea de casa más agradecida, pero sí una de las que más importa: ahí dentro está casi toda tu comida. El frío frena a bacterias y hongos, pero no los mata. Por eso el frigorífico no se limpia solo, por muy moderno que sea.
Recomendación general: limpieza a fondo cuatro veces al año, más un repaso rápido de estantes cuando se derrame algo. Si tienes filtro de aire, ese va por su cuenta.
Antes de limpiar: la temperatura correcta
De poco sirve una nevera impecable si está a la temperatura no es correcta.
La zona de refrigeración debe estar por debajo de 5 °C, idealmente entre 3 y 4. El congelador, a -18 °C. Por encima de esos valores, bacterias como la salmonela —que se instala con facilidad en la carne cruda— encuentran condiciones para multiplicarse.
El detalle que casi nadie sabe: los números del mando de tu nevera (1, 2, 3... hasta 5 o 7) no son grados. Son niveles de potencia de frío. Poner el mando en el 4 no significa que la nevera esté a 4 °C. La única forma de saber la temperatura real es meter un termómetro de frigorífico en el estante central durante unas horas.
Dónde va cada alimento
Si tu nevera no tiene ventilación forzada (las llamadas estáticas), el frío no se reparte igual en todo el interior y la colocación importa:
-Zona más fría: el estante inferior, justo encima del cajón de las verduras. El aire frío pesa y baja. Ahí van la carne, el pescado y los embutidos frescos.
-Zona intermedia: platos cocinados, lácteos abiertos, sobras bien tapadas.
-Zona más templada: la parte alta.
-La puerta es siempre lo más caliente de la nevera, con varios grados de diferencia. Aunque venga con hueveras y balda de botellas moldeadas, no es el sitio de los huevos ni de la leche: ahí van bebidas, salsas y conservas abiertas.
-Cajón inferior: verdura y fruta sin cortar.
Si tu nevera es no-frost o de aire ventilado, la temperatura es prácticamente uniforme y la colocación pesa mucho menos. Aun así, la puerta sigue siendo la zona más expuesta.
Limpieza a fondo en cinco pasos
1. Vacía y desconecta. Saca todo a una bolsa isotérmica o nevera portátil y desenchufa el aparato. En invierno, la terraza sirve de apoyo un rato, pero no dejes ahí nada que se pueda congelar.
2. Desmonta y lava las piezas. Estantes, bandejas, cajones y baldas de cristal, fuera. Lávalos aparte con agua templada y limpiador específico de frigorífico. Importante: deja templar el cristal antes de meterlo bajo el grifo. Un cristal frío con agua caliente puede romperse.
3. Limpia el interior. Pulveriza el limpiador, deja que actúe unos minutos y retira. No te olvides de las gomas de la puerta, que es donde más moho se acumula y donde nadie mira. Un cepillo de dientes viejo va perfecto para el pliegue de la junta.
4. Aclara y seca. Pasa un paño de microfibra con agua limpia y seca a fondo. La humedad que dejes es la que después condensa.
5. Aspira la parte trasera. El polvo acumulado detrás impide que el calor del aparato se disipe, y eso se traduce en más consumo y más desgaste del compresor. Una pasada de aspirador cada limpieza a fondo.
Qué no usar: lejía ni productos abrasivos. La lejía puede dañar los plásticos interiores y deja olor que después pasa a los alimentos. Si prefieres un remedio casero, agua templada con bicarbonato funciona bien y es seguro.
Agua acumulada en la nevera
¿Por qué pasa?
En toda nevera se forma condensación, que baja por la pared del fondo hasta un pequeño orificio de desagüe situado en la parte trasera, a ras del suelo del compartimento. Desde ahí el agua va a una bandeja sobre el compresor y se evapora con su calor. Si ese orificio se obstruye —con restos de comida, una etiqueta, hielo—, el agua no tiene salida y se queda dentro.
¿Cómo desatascarlo?
Localiza el orificio al fondo del compartimento y límpialo con un bastoncillo, un limpiapipas o la varilla flexible que traen algunos fabricantes. Después, echa un poco de agua templada para comprobar que drena.
No metas nada metálico ni afilado. Detrás de ese conducto hay circuito, y una perforación es una avería seria, no un desatasco.
¿Cómo evitar que vuelva a pasar?
No pegues envases ni alimentos contra la pared del fondo: bloquean el drenaje y se congelan.
Comprueba que la puerta cierra bien. Una junta deformada o sucia deja entrar aire templado y húmedo, y eso multiplica la condensación. La prueba rápida: cierra la puerta sobre un folio; si sale tirando sin resistencia, la junta ya no sella.
Cierra bien los paquetes y tapa lo que suelte humedad.
Si la junta está agrietada o deformada, se sustituye — no se arregla.
Lo que más nos preguntán
¿Todas las neveras llevan filtro de aire? No. Lo llevan sobre todo modelos de gama media y alta. Si no sabes si el tuyo lo tiene, mira en la pared del fondo o en el techo del compartimento: suele ser una tapa redonda o rectangular pequeña.
¿Se puede lavar el filtro de aire en vez de cambiarlo? No. El carbón activo se satura y no se recupera con agua. Lavarlo solo lo estropea.
¿Cada cuánto hay que limpiar a fondo? Cuatro veces al año es un buen ritmo. Con niños pequeños o mucha carne fresca, cada dos meses.
¿Puedo limpiar la nevera sin desenchufarla? Para un derrame puntual, sí. Para la limpieza a fondo, desenchúfala: ahorras consumo y evitas mojar zonas con corriente.
